martes, 3 de marzo de 2009

Es la hora del Clásico Mundial de Beisbol
Oscar Huete

Llenos de muchas expectativas estamos a las puertas de la segunda edición del Clásico Mundial de Beisbol, quizás en un ambiente muy diferente al primer torneo que se celebró hace exactamente tres años.

No podemos compararlo con la afición que mueve millones de fanáticos a nivel terráqueo cuando se aproxima una Copa Mundial de Fútbol, este evento es muy tierno para hacer semejante comparación, pero la pasión y el interés es el mismo

Al igual que el Mundial de Fútbol el Clásico de béisbol pretende reunir a los mejores jugadores, quienes representado a sus países se enfrasquen en una lucha si cuartel por dos semanas para definir al campeón del mundo.

Aun recuerdo el ambiente de fiesta, al son de la música ensordecedora y los rostros de júbilo de los fanáticos venezolanos y dominicanos en el estadio de spring training de los Bravos de Atlanta cuando se celebró el primer partido del Clásico en el 2006.

La alegría era tan contagiosa ese dia, que hasta los mismos americanos presentes no pudieron sentarse a ver el partido tranquilo, contagiado por el merengue y el ritmo venezolano de Oscar de León, los Hermanos Primera y Mermelada Bunch.

Los souvenir, las gorras y las franelas no fueron suficientes para aquel mar de gente que abarroto las tiendas en busca de un artículo que los uniera a la historia del béisbol.

Una de las mayores dificultades a las que se enfrentaron los lanzadores asiáticos, especialmente los de Japón, en el Clásico Mundial de béisbol pasado fue la de acostumbrarse a la pelota viva “Rawlings”, la oficial de las Grandes Ligas y con la cual se disputaron los partidos del torneo.

La llamada 'Rawlings WBC' (World Baseball Classic/Clásico Mundial de Béisbol) tiene para los sepertineros asiáticos ligeras diferencias con respecto a la utilizada en los torneos de esa región.

Aunque un experto podría no notar la diferencia en un primer vistazo, una comparación más específica de las bolas refleja detalles significativos cuando se trata de conseguir un buen lanzamiento en “tenedor”, un cambio de velocidad “partecinturas” o una recta de humo a casi 100 millas por hora.

La bola que se usa en Ligas Mayores desde 1974, está recubierta con piel de vaca, mientras la asiática usa piel de caballo, por lo que la textura de ambas es diferente.

Otra diferencia, es que la bola japonesa no es pulida, y la de Grandes Ligas sí lo es. No tienen el mismo agarre argumentaron algunos lanzadores del elenco nipón en aquella oportunidad

Previendo la adaptación temprana, los organizadores del Clásico enviaron con bastante antelación un buen número de pelotas a las novenas asiáticas, a fin de que se fueran acostumbrando.

Otras dificultades antes del Clásico fueron los traspiés que tuvo la representación cubana con el Departamento del Tesoro para la obtención de las visas lo cual casi deja por fuera a esta delegación.

Lo cierto es que los nipones se acostumbraron rápidamente a esta nueva bola y los cubanos dejaron sus problemas en el olvido para disputar la gran final del primer evento ganando el equipo nipón 10 x 6 a un crecido equipo antillano que habia dejado en el camino a grandes trabucos como Venezuela, Puerto Rico y Republica Dominicana.

Tres años más tarde, nadie se atreve a vaticinar quienes serán los equipos que se enfrentaran en la final el 23 de marzo en el estadio de los Dodgers de los Ángeles, considerando las grandes deserciones que han sufrido muchas de las delegaciones que van a competir en esta ocasión.

Pensando en el futuro los organizadores de este evento, la IBAF, y el Sindicato de los Peloteros de Grandes Ligas estan estudiando las posibilidades de aumentar el numero de países participantes, efectuando eliminatorias previas para la III edición en el 2013, (se aplazaría por un año por las Olimpiadas del 2012).

Pero con todos los obstáculos que se le presentan a todas las delegaciones tanto por los equipos de Grandes Ligas, por los dueños y por los gerentes generales, vemos que las cosas se le irán poniendo cada vez mas color de hormiga para las próximas ediciones si es que no se toman medidas que “Obliguen” a todos los miembros de estas organizaciones a participar para conservar el espectáculo.

Así que prepárense a disfrutar o sufrir por esta II edición del Clásico Mundial del Beisbol, dejemos a un lado la novela de A-Rod, el juicio del laboratorio Balco Bonds, y dejemos de imaginarnos los nombres restante en el club de los 104.

Es la hora del béisbol mundial.



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