
! Adiós, Caballero del Ring!
Oscar Huete
Aún el mundo no se reponía de la partida del “Rey del Pop”, Michael Jackson, y de repente nos llega otro zarpazo directo al hígado que dejó sin respiración al mundo deportivo por unos segundos.
Cuando me enteré de la noticia, no lo podía creer. Leí una y otra vez la nota informativa y fueron pasando por mi mente aquellos momentos en que toda Nicaragua entera se detenía para verte pelear, “Flaco explosivo”.
Envié más de 30 mensajes de textos en menos de cinco minutos, porque quería compartir con mis amigos tu partida y mi sentir.
“Alexis, muchacho loco, me vas a matar de un infarto”, era la frase que resonaba del narrador Sucre Frech, después de cada rounds del caballero del ring.
¿Quién durmió aquella noche del 12 de octubre de 1975, cuando peleaste al otro lado del mundo frente a Kobayaschi?
¿Quién no recuerda las explosiones de los fuegos artificiales después de las victorias frente a Ruben Olivares, la pelea con Alfredo Escalera, los gritos de júbilo en todo el territorio nacional cuando venciste a Jim Watt en el Empire Pool de Londres, aquel 20 de junio de 1981? ¿Quién no recuerda eso?
Cómo olvidar aquella noche del 03 de octubre de 1981, cuando todos los chavalos y los viejos nos reunimos en mi humilde casa en el barrio Ducuali a ver aquella pelea frente a Ray “Boom, Boom” Manzini, transmitida desde el Ballys Park Place Hotel Casino, Atlantic City de la ciudad de New Jersey.
Todo era júbilo, todo era alegría; las penas, las rencillas, los celos y la política pasaban a un segundo plano cuando tú subías al cuadrilátero.
Los promotores de la época coquetearon con la idea de verte pelear con Durán, con Leonard, con Benítez, incluso con Salvador Sánchez. Eran los mejores en ese tiempo, sin embargo no se concretaron por cosas de la vida, pero no dudamos que en más de una de estas peleas hubieses salido con la frente en alto.
Los grandes templos del boxeo bajan hoy su guardia ante tu partida: El Madison Square Garden, El Caesars Palaces en las Vegas, El Orange Bowl de Miami, El Aladdin Hotel en las Vegas, Miami Beach y todos esos lugares donde tú, “Flaco”, dejaste tus huellas con tus triunfos y con tu caballerosidad.
Guardaré como un tesoro las fotos que te tomé aquella noche en la ciudad de Miami Beach, en la entrega de los Premios Fox, rodeados de muchos campeones.
Me presenté humildemente y te dije que siempre habia sido tu admirador. Me estrechaste tu mano y me preguntaste: “¿ideay chavalo, para quién trabajas aquí?”
“Ahí vamos, abriéndonos pasos”, recuerdo que te dije. “dale duro”, me dijiste, así secamente como cuando tirabas ese gancho al hígado a tus contrincantes y los paralizabas por completo.
Quizás no te vi pelear desde tus inicios, como muchos que hoy lloran tu partida, pero tú, Alexis Arguello, fuiste ese hombre, ese caballero que marcó a una nación con tus triunfos, con tus anécdotas y con tu vida.
Alexis, aún guardo y guardaré para siempre tu tarjeta de presentación que me diste esa noche. Jamás olvidaré tu gentileza y tu humildad hacia mi persona.
Gracias Dios, por permitirme haber conocido a un ¡GRANDE DEL BOXEO!
Oscar Huete
Aún el mundo no se reponía de la partida del “Rey del Pop”, Michael Jackson, y de repente nos llega otro zarpazo directo al hígado que dejó sin respiración al mundo deportivo por unos segundos.
Cuando me enteré de la noticia, no lo podía creer. Leí una y otra vez la nota informativa y fueron pasando por mi mente aquellos momentos en que toda Nicaragua entera se detenía para verte pelear, “Flaco explosivo”.
Envié más de 30 mensajes de textos en menos de cinco minutos, porque quería compartir con mis amigos tu partida y mi sentir.
“Alexis, muchacho loco, me vas a matar de un infarto”, era la frase que resonaba del narrador Sucre Frech, después de cada rounds del caballero del ring.
¿Quién durmió aquella noche del 12 de octubre de 1975, cuando peleaste al otro lado del mundo frente a Kobayaschi?
¿Quién no recuerda las explosiones de los fuegos artificiales después de las victorias frente a Ruben Olivares, la pelea con Alfredo Escalera, los gritos de júbilo en todo el territorio nacional cuando venciste a Jim Watt en el Empire Pool de Londres, aquel 20 de junio de 1981? ¿Quién no recuerda eso?
Cómo olvidar aquella noche del 03 de octubre de 1981, cuando todos los chavalos y los viejos nos reunimos en mi humilde casa en el barrio Ducuali a ver aquella pelea frente a Ray “Boom, Boom” Manzini, transmitida desde el Ballys Park Place Hotel Casino, Atlantic City de la ciudad de New Jersey.
Todo era júbilo, todo era alegría; las penas, las rencillas, los celos y la política pasaban a un segundo plano cuando tú subías al cuadrilátero.
Los promotores de la época coquetearon con la idea de verte pelear con Durán, con Leonard, con Benítez, incluso con Salvador Sánchez. Eran los mejores en ese tiempo, sin embargo no se concretaron por cosas de la vida, pero no dudamos que en más de una de estas peleas hubieses salido con la frente en alto.
Los grandes templos del boxeo bajan hoy su guardia ante tu partida: El Madison Square Garden, El Caesars Palaces en las Vegas, El Orange Bowl de Miami, El Aladdin Hotel en las Vegas, Miami Beach y todos esos lugares donde tú, “Flaco”, dejaste tus huellas con tus triunfos y con tu caballerosidad.
Guardaré como un tesoro las fotos que te tomé aquella noche en la ciudad de Miami Beach, en la entrega de los Premios Fox, rodeados de muchos campeones.
Me presenté humildemente y te dije que siempre habia sido tu admirador. Me estrechaste tu mano y me preguntaste: “¿ideay chavalo, para quién trabajas aquí?”
“Ahí vamos, abriéndonos pasos”, recuerdo que te dije. “dale duro”, me dijiste, así secamente como cuando tirabas ese gancho al hígado a tus contrincantes y los paralizabas por completo.
Quizás no te vi pelear desde tus inicios, como muchos que hoy lloran tu partida, pero tú, Alexis Arguello, fuiste ese hombre, ese caballero que marcó a una nación con tus triunfos, con tus anécdotas y con tu vida.
Alexis, aún guardo y guardaré para siempre tu tarjeta de presentación que me diste esa noche. Jamás olvidaré tu gentileza y tu humildad hacia mi persona.
Gracias Dios, por permitirme haber conocido a un ¡GRANDE DEL BOXEO!






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